lunes, 30 de octubre de 2017

Ajo - Allium sativum

Ajo Peruano de Primera Calidad

El Ajo - Allium sativum, es una especie tradicionalmente clasificada dentro de la familia de las liliáceas, pero que actualmente se ubica en la de las amarilidáceas.

Al igual que la cebolla (Allium cepa), el puerro (Allium ampeloprasum var. porrum) y la cebolla de invierno o cebollino (Allium fistulosum), es una especie de importancia económica, ampliamente cultivada.

No es originario de Perú, pero ha sido adoptado, siendo cultivado para utilizarse en la gastronomía peruana y para ser exportado.

Es muy probable que sea originario de Asia occidental a través de su progenitor Allium longiscupis, y que luego fuera introducido desde allí en el Mediterráneo. expándiendoce posteriormente a otras zonas incluido el Perú.


Es una planta perenne con hojas planas y delgadas, de hasta 30 cm de longitud. 

Las raíces alcanzan fácilmente profundidades de 50 cm o más. 

El bulbo, de piel blanca, forma una cabeza dividida en gajos que comúnmente son llamados dientes. Cada cabeza puede contener de 6 a 12 dientes, cada uno de los cuales se encuentra envuelto en una delgada capa de color blanco o rojizo. Cada uno de los dientes puede dar origen a una nueva planta de ajo, ya que poseen en su base una yema terminal que es capaz de germinar incluso sin necesidad de plantarse previamente. 

El brote puede aparecer luego de tres meses de cosechado, dependiendo de la variedad y condiciones de conservación. 

Las flores son blancas, y en algunas especies el tallo también produce pequeños bulbos o hijuelos. 

Un par de semanas antes de que el ajo esté dispuesto para ser cosechado, brota un vástago redondo que tiende a enroscarse conocido por porrino; este porrino es una delicia gastronómica. 

Una característica particular del bulbo es el fuerte olor que emana al ser cortado. Esto se debe a dos sustancias altamente volátiles, la alicina y el disulfuro de alilo.

Su cultivo requiere suelos con buen drenaje, preferentemente francos o algo arcillosos, ricos en materia orgánica y con humedad. Se adaptan con facilidad en suelos cultivados previamente con cereales Riego permanente hasta el período anterior a la cosecha. Fertilización superior a otras hortalizas. Desmalezamiento del suelo, principalmente durante el primer período de germinación Temperaturas inferiores a los 17 °C 

La plantación se realiza en invierno o principios de primavera, cuando el diente ya ha brotado y el nuevo tallo alcanza un 50 % de la longitud del diente. Es importante seleccionar los dientes destinados a plantar, debiendo escoger los más sanos y representativos de la variedad para conservar sus cualidades. 

Para conseguir los mejores resultados se prefiere la utilización de dientes grandes, de más de 4 g. Sin embargo, en zonas de regadío, el uso de dientes excesivamente grandes puede ocasionar el desarrollo de podredumbres, por lo que se recomienda la desinfección en seco.

La siembra puede realizarse manualmente o con maquinaria, depositando el diente en el suelo a una profundidad entre los 3 y 6 cm (una o dos veces el tamaño del diente). Se debe poner con la punta hacia arriba, para evitar deformaciones en la nueva planta. Otro aspecto a tener en cuenta para obtener una producción considerable es el distanciamiento adecuado entre hileras y entre una planta y otra. Aunque no es un cultivo que requiera de grandes superficies, el distanciamiento es importante para el buen desarrollo de los bulbos. El ajo cultivado en climas fríos adquiere un sabor más picante. 

El ciclo completo, desde la germinación hasta la recolección de los nuevos bulbos, tarda aproximadamente ocho meses. Una vez finalizada la cosecha, los bulbos deben mantenerse en un lugar tibio, soleado y con buena ventilación durante dos o tres semanas, para que se sequen o curen. 

El ajo se emplea en la cocina como un saborizante natural. Posee un aroma y un sabor característico que suele acompañar ciertos platos de la cocina peruana y mundial. Los brotes tiernos de las hojas se suelen incluir en algunos platos. Estos brotes pueden ser preparados como si fueran espárragos, aunque el consumo del bulbo es mucho más habitual. Generalmente se utilizan secos o semisecos, como ajo deshidratado, verdes (ajetes) y en encurtidos. 

Valor nutricional por cada 100 g: Energía 149 kcal 623 kJ Carbohidratos 33.06 g • Azúcares 1.00 g Grasas 0.5 g Proteínas 6.36 g Niacina (vit. B3) 0.7 mg (5%) Ácido pantoténico (vit. B5) 0.596 mg (12%) Vitamina B6 1.235 mg (95%) Vitamina C 31.2 mg (52%) Calcio 181 mg (18%) Hierro 1.7 mg (14%) Magnesio 25 mg (7%) Fósforo 153 mg (22%) Sodio 17 mg (1%) Zinc 1.16 mg (12%) % de la cantidad diaria recomendada para adultos. Fuente: Base de datos de nutrientes de USDA.


En la actualidad, el ajo es una medicina naturista y también tiene una amplia utilización farmacológica. Es eficaz como antibiótico, combatiendo numerosos hongos, bacterias y virus​ (se ha usado en al menos un paciente con síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) para tratar una toxoplasmosis, una enfermedad protozoaria; en el control de enfermedades cardíacas,​ ya que reduce el bloqueo de las arterias); reduce la presión arterial y el colesterol;​ incrementa el nivel de insulina en el cuerpo; controla los daños causados por la arterioesclerosis, y el reumatismo. También se relaciona con la prevención de ciertos tipos de cáncer, ciertas complicaciones de la diabetes mellitus,​ en la reversión del estrés y la depresión. 

De acuerdo a los efectos medicinales buscados, varía la forma en que deben ser ingeridos, ya que el ajo posee diferentes propiedades crudo o cocido. Cuando el ajo crudo es cortado o machacado, se produce la combinación de la aliina con la alinasa, lo que produce una sustancia denominada alicina. Ésta tiene varios efectos benéficos, en cambio si el ajo es cocinado, este compuesto se destruye.​ En el proceso de cocción se liberan compuestos diferentes, como la adenosina y el ajoeno, que poseen cualidades anticoagulantes y, se supone, reducen el nivel de colesterol. La virtud antihipertensiva y por ende favorable a la actividad cardíaca y disminuidora de riesgos de ACV o ictus cerebral está perfectamente demostrada: la alicina tiene como principal compuesto el sulfuro de hidrógeno el cual facilita la distensión de las membranas celulares vasculares disminuyendo de este modo la presión sanguínea y favoreciendo la circulación y el transporte de oxígeno mediante la hemoglobina de los glóbulos rojos a los órganos y, por consecuencia, implicando una menor fatiga (estrés) para el corazón; lo que ha sido puesto en dudas es la capacidad del ajo para reducir el LDL colesterol (lipoproteína de baja densidad o "colesterol malo") en la sangre y la formación de ateromas; aunque sí posee una acción sobre las plaquetas, por lo que se desaconseja el consumo de suplementos de ajo si no es bajo responsabilidad médica ya que los suplementos artificiales de ajos o su ingesta excesiva puede afectar la correcta actividad de la coagulación.

También se usa el ajo en vía tópica para combatir las verrugas, además de ser también un eficaz vermífugo por vía oral. Hay una larga tradición de uso en la medicina herbaria, que ha utilizado el ajo para la ronquera y la tos.​ Los indios cheroqui lo usan como expectorante para la tos y para los caballos.

La toxicidad del ajo es muy escasa. El uso del ajo en dosis elevadas, especialmente crudo o en extractos, está desaconsejado en casos de hemorragia, ya sea de causa traumática (heridas, accidentes, etc.) o menstrual (reglas abundantes). Así pues, debido a su acción anticoagulante, dosis altas de ajo pueden prolongar las hemorragias y dificultar los procesos de coagulación. Asimismo, su ingestión continuada y abusiva (habitualmente más de tres o cuatro grandes al día) puede provocar una cierta irritación en el estómago y así originar dolores abdominales, náuseas, vómitos, diarreas, etc. No es aconsejable la ingestión durante la lactancia, ya que los sulfóxidos pueden acceder a la leche materna y conferirle un sabor desagradable. (Datos: Wikipedia)

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