domingo, 6 de noviembre de 2016

Los Transgénicos No Benefician a los Agricultores y Menos al Público Consumidor

Países con Cultivos que Usan Semillas Transgénicas

Greenpeace rebate cada una de las declaraciones que las corporaciones agrobiotecnológicas esparcen por todo el mundo para justificar la siembra y consumo del maíz y soya transgénicos:

Mito: Es posible la coexistencia entre cultivos transgénicos y convencionales 

Realidad: Los cultivos transgénicos contaminan los cultivos convencionales, los orgánicos, los alimentos y la miel. Cuando se cultivan fuera del laboratorio es imposible parar el curso normal de la naturaleza: de los insectos, de la polinización o las corrientes de aire. Por ello la contaminación se expande de manera natural e inevitable. Si el maíz transgénico contamina las plantas nativas de maíz, estamos en peligro de perder estas plantas madre que son el origen de todas las variedades de este grano, lo que sería un desastre mayúsculo. 

Mito: Es imposible detener la tecnología transgénica 

Realidad: Hasta ahora la mayoría de los transgénicos se cultivan sólo en cuatro países: Estados Unidos, Argentina, Canadá y Brasil. Otros países se han opuesto a su cultivo. A más de una década de sus inicios, la industria biotecnológica no ha logrado imponerse, debido a todos los riesgos ambientales, económicos y de salud que conlleva y a que no resuelve ningún problema del campo. En México, a pesar de que en 2009 se aprobaron las siembras experimentales de maíz transgénico, el rechazo a esta tecnología entre campesinos, consumidores y científicos independientes es creciente.

Mito: Es seguro para el medio ambiente. 

Realidad: Gran parte del maíz transgénico es del tipo Bt que fue manipulado para producir un insecticida que ataca al gusano barrenador europeo, pero también perjudica a otros insectos que ayudan a controlar plagas, entre ellos la mariposa monarca. Esta toxina se acumula en los suelos de cultivo y por lo mismo podría afectar su fertilidad a largo plazo. 

Mito: Es seguro para la alimentación humana. 

Realidad: La industria biotecnológica se ha negado a hacer pública la información vital que demuestra los problemas para la salud humana por el consumo de alimentos transgénicos. Científicos han revelado que Monsanto omitió reportar efectos negativos serios, como los signos de toxicidad en los órganos internos de las ratas. 

Mito: Se necesita para combatir al cambio climático. 

Realidad: Estudios independientes confirman que el etanol de maíz es no sustentable como método de bioenergía. El uso de maíz para este uso eleva los precios de los alimentos y amenaza la seguridad alimentaria. La reducción de CO2 es mínima debido a la energía que se usa para fabricarlo. 

Mito: Brinda beneficios económicos 

Realidad:Por el contrario, las compañías productoras de semillas transgénicas ofrecen préstamos a campesinos pobres para que compren sus caras semillas. Al final los campesinos terminan con deudas y se ven forzados a adquirir más préstamos. Ya sea por comprar semillas o por contaminación "accidental" cientos de productores estadounidenses se han visto forzados a pagar millones de dólares. Y dado que las semillas transgénica no tienen los altos rendimientos que prometían, lo único que hacen es enganchar a los productores a paquetes tecnológicos más caros y dañinos para la biodiversidad. 

Mito: Ayudará a reducir el hambre 

Realidad: El hambre es un problema de distribución y de falta de recursos. Son demasiadas las personas que no pueden tener acceso a los alimentos básicos, no porque haya escasez de éstos, sino porque no tienen suficientes ingresos para ello. Las semillas transgénicas no están diseñadas para resolver el hambre del mundo sino para producir ganancias para las corporaciones. 

Perú rechaza el uso de semillas transgénicas importadas. Por el contrario, ha creado el Banco de Germoplasma destinado a salvaguardar y mejorar la riqueza genética que posee en plantas y animales autóctonos. Perú prefiere dar impulso a los cultivos orgánicos, los únicos que no perjudican la salud humana.

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